Empiezo esta serie porque llevo más de 25 años viendo cosas que harían llorar a cualquier auditor de seguridad. Y aunque me río por fuera, lloro bits por dentro...

Confesión #1: contraseñas en Excel… o peor, en post-its

Y no digo que lo haya visto una vez. Ni dos. Ni tres. Lo he visto decenas de veces. En todo tipo de empresas. Pequeñas, medianas… y con certificados de seguridad colgados en la entrada.

Lo típico: un Excel en el escritorio llamado:

CLAVES_IMPORTANTES.xls

usuarios_admin_DEF.xls

accesos_servidor_FINAL_FINAL_V2_VERDAD_DE_LABUENA_LOJURO_POR_SNOOPY.xlsx

Obviamente, sin contraseña de apertura. Porque si no "es un lío cada vez que entra alguien". Y dentro… un festival: usuarios, contraseñas, comentarios del tipo "no sé si esta sigue funcionando" Y algunos campos con asteriscos "por seguridad". (Cómo no.)

Pero peor que el Excel…

el monitor lleno de post-it's. Bang bang. Tenemos un ganador.

Con todos los accesos que se necesitan para "trabajar" en ese ordenador: Windows, Gmail, ERPs, webs del banco (si, has leído bien), servidores, redes sociales, Amazon... Todo. Anotado. A color. Con mayúsculas. Solo faltan flechas de neón, indicando donde estan, y dejar una nota que diga: "Si vas a robarme, al menos respeta los favoritos del navegador."

Y ese ordenador, ¿Dónde está? por supuesto, está en recepción.

Donde pasan repartidores, visitas comerciales, familiares, clientes, curiosos... Con una simple foto: acceso completo.

Conclusión

Las contraseñas no deberían estar en Excel. Me abstengo de comentar lo de los post-it's en el monitor, porque me da un shock anafiláctico de ciberseguridad y kernel panic simultáneo. Ni en ordenadores públicos. Pero ahí están. Porque "así es más cómodo". Porque "nunca ha pasado nada".

Spoiler: ya no hay nada que explicar. Solo mucho que lamentar.

Y cualquier parecido con la realidad… es peor que la misma realidad.

¿Te suena esta escena? Seguimos próximamente con la Confesión #2.