(Historias de pánico escénico justo cuando ya estabas cerrando sesión.)

Doce años en el departamento IT de una multinacional americana dan para muchas historias. Me atrevería a decir que para un libro entero…

Quizá este capítulo no sea el más épico, pero nos vamos acercando poco a poco.

El siguiente, que ya tengo en mente, promete. Pero no os voy a desvelar nada todavía, tenéis que leer hasta el final.

Vayamos por partes, como diría Jack the Ripper... que hoy es viernes. Y huele a marrón.

📍 Viernes, 17:25. Barcelona. Año 2005.

Estoy en mi despacho, recogiendo cables, cerrando mentalmente el portátil y preguntándome si me dará tiempo de hacer todos los super planes programados para hoy. La cosa pinta muy bien, otra vez.

Ya había cerrado Outlook. Mentalmente estaba desmontando el rack… y físicamente tenía el abrigo puesto y la llave del coche en la mano.

(Aquella época gloriosa en la que tenías la suerte de tener plaza de parking propia en la empresa… pero aún así te caían los marrones igual.) 🚗

Y justo entonces... entra ÉL.

Y yo pienso:

No me jodas… que hoy he quedado con los colegas para ir a tomar unas cañas, pasar por casa a por la maleta de discos, a cenar, y pinchar en el BeCool. (De mi otra profesión nocturna ya hablaremos en otro libro.)

Y entonces entra ÉL.

El fucking Todd Cozzens.

El put* amo de Picis.

El Master del Universo. Y nosotr@s… sus p*tit*s.

Dos metros de alto.

Un metro y medio de ancho.

Cien kilos —o más— de pura presencia ejecutiva.

Pelo blanco. Mirada afilada.

Cara de mala leche.

Y los c*j*nes pelados de cerrar tratos de millones de dólares antes del desayuno, mientras tú y yo pensamos si nos quedan cápsulas para la Nespresso.

La vista se me escapa hacia el cinturón de su traje. Me gustaría tener su confianza. Tensión máxima a punto de explotar. Ese cinturón debe estar hecho de fibra de carbono.

Era el CEO.

El de “la empresa es mía y hago lo que me sale de los f*cking nutts”.

El dueño, amo y señor de la multinacional.

Cuando se paseaba por la empresa, se hacía el silencio.

Todo el mundo apretaba el cul*.

Pero con algunos del departamento IT tenía un rollito especial.

Nos enviaba postales de felicitaciones —de Navidad y por nuestro cumple—, cosa que no hacía con casi nadie.

Eso sí: luego te daba por saco igual que al resto…pero con besito en la nuca incluido.

Volvamos:

Y yo ahí, con el abrigo puesto y cara de viernes... intentando recordar si había guardado ya la imagen de GHOST que iba a necesitar el lunes.

Y me suelta, en inglés, por supuesto:

“Mañana me voy a Boston. Necesito un portátil configurado con todo. Conectividad, acceso a la VPN, los perfiles de las dos delegaciones, CareSuite con las configuraciones de las bases de datos de Oracle y SQL Server, los perfiles de DEMO, y el CRM."

OMFG! Dile que NO si tienes "gü*bos"!

Intentando mantener la compostura mientras mi cerebro gritaba “yo hoy tenía que pinchar, no migrar vidas”, le digo con calma:

“Déjame tu portátil y te lo configuro.”

Y me suelta, con una naturalidad y seguridad de ultra BOSS:

“No, dame otro… el mío no lo quiero usar para esa demo.”

WTF???

¿¿De dónde c*ñ* saco yo un portátil un viernes a las 17:30?? Y no un portátil cualquiera, tiene que ser un pepino porque como le vaya lento, he triunfado.

Reviso mentalmente el inventario.

Nada. Ni un portátil libre.

Espera si... en la estantería del fondo, con una nota pegada que dice:

“Configuración específica. No tocar ni instalar nada.”

Perfecto.

Imaginaos esta escena: Yo, delante de un portátil relativamente moderno y muy pepino para la época. Más de medio kilo que costaban en el 2004.

Un Pentium M (Centrino), con 1Gb RAM, 40Gb de Disco duro mecánico, por supuesto.

Aprovecho para desempolvar el baúl de los recuerdos.

¿Os acordáis de cuando los drivers venían en esos mini CDs?

Aún siendo un pepino, ese portátil tenía los recursos justos para que el boss no se quejara.

Con una batería que duraba lo mismo que la paciencia de un becario, pensando "¿como lo hago para montar todo lo que me dice sin tocar la configuración actual del portátil?".

"Empieza la cuenta atrás. El viernes se evapora. El BeCool se aleja. Y yo... sacando tornillos con la fe del que aún cree en milagros."

17:40. Arremangado, desmontando el disco duro del portátil y buscando por los cajones uno que tenga el suficiente tamaño para instalar todo lo que tengo que instalar, y que no sea 500rpm xD.

Yo solo podía pensar en mis platos, en las luces del BeCool… y en si aquel portátil aguantaría el arranque sin que el ventilador saliera volando.

17:50. Bueno, paso 1 finalizado. Disco cambiado.

17:55. "¿Donde leches he guardado la imagen ghost con ese Windows XP de 32bits con el software básico de Picis?

Spoiler: no estaba donde debía. Porque nunca está donde debe.

Nota mental:

¿Cuántas veces nos había salvado el Norton Ghost de instalaciones tediosas? Qué grande era...

Hasta que llegaron los SSD, y de pronto cargar los drivers se convirtió en un suplicio.

Y luego vino el remate: lo compró Symantec.

El ying, el yang… y Symantec.

Adiós, Norton. Welcome, Clonezilla.

🕒 18:07 Imagen encontrada.

🕒 18:10 Empieza el ritual. La imagen Ghost se carga, pero la Wi-Fi no tira. Conecto por cable. Pido a la máquina que me hable... pero en dialecto de informático. O tiras o te doy.

🕒 18:25 Instalo Oracle y SQL.

Toca configurarlos. Sí… ambos. Porque si solo hay uno, no sería divertido.

Arranco Oracle. Tarda lo mismo en iniciar que yo en asumir que ya no llegaré a la cena.

Busco los ficheros de configuración.

El cliente de Oracle está en inglés, pero el error… en arameo técnico.

Mientras Oracle respira, voy a por SQL Server. Empieza fuerte:

“Instalación personalizada o recomendada?” Pongo recomendada. Me lo tira a la cara.

Pues no. Listo

Cambio a personalizada. 50 checkboxes. 3 asistentes. 2 pantallas de licencia. Un mensaje:

“No se puede instalar SQL Management Studio porque ya hay una versión instalada. Pero no está. Pero lo dice.”

Mi alma se cuelga. Mi paciencia entra en modo transaccional.

Al final, consigo que ambos arranquen.

¿Estables? Quizá.

¿Funcionando?

Sí. Que en este trabajo, eso ya es un éxito técnico.

🕒 18:47 Configuro el acceso remoto. La VPN 1 conecta. La VPN 2 requiere certificado. La VPN 3 no sabe ni qué quiere.

Todd pasa por el despacho y suelta un: “Looking good?”

Respondo con un pulgar arriba... mientras sudo por dentro.

🕒 18:52 Instalo CareSuite.

Configuro las bases de datos demo.

Un driver se resiste, pero uso mi técnica secreta: “Instalar. Rezar. Reiniciar. Sonreír.”

🕒 19:16 Últimos detalles.

Fondo de escritorio de la empresa, carpeta con la demo en el escritorio, iconos alineados con precisión militar.

(Lo importante no es solo que funcione, sino que dé buena impresión.)

Me convierto en Marie Kondo del escritorio, aunque ella ni siquiera había empezado a ordenar todavía.

🕒 19:41 Pruebo todo.

CareSuite abre, y lo que es mejor, conecta con las BD de demo de SQL y Oracle.

VPN conecta.

El portátil no explota. No hay pantallas azules. Es... precioso.

🕒 19:58

Portátil entregado.

CEO satisfecho.

Sergi vivo.

Barely.

No llegué a las cañas.

Sí a la cena.

Y de sobras a la cabina.

Y esa noche, al menos, no petó nada más. Bueno sí, el BeCool.

Empezó otra noche de viernes épica.

🧯 Epílogo en sombra:

Hay días que te salvan.

Y otros que tú salvas.

Y si eres informático… sabes que hay más de los segundos.

Y ahora sí: reserva fecha, porque en el próximo capítulo de Confesiones de un informático, entra ÉL:

💼 El Sr. Lobo. El informático de los informáticos.

“Estoy a 20 minutos. Llegaré en 10.”