(Cuando suena su móvil⊠ya no quedan protocolos. Solo caos.)
âEstoy a 20 minutos. LlegarĂ© en 10.â
SPOILER:
Lo admito. Me he tirado de la moto.
Pero este capĂtulo lo pedĂa. A gritos.
Este capĂtulo va a ser Ă©pico.
No podĂa narrarlo sin un estilo digno de Tarantino. O al menos lo he intentado.
Porque lo que viene⊠no es real al 100%.
Pero ya sabéis: a veces, la realidad supera a la ficción.
Cuando llamas al Sr. Lobo, es porque la mierda ya estĂĄ en el ventilador.
Color sangre.
Pantallas rojas, y un gotelé de logfiles que chorrea por las paredes del CPD como si alguien hubiera reventado el RAID con dinamita emocional.
No estĂĄs en fase de anĂĄlisis.
Ya no estĂĄs para abrir tickets.
EstĂĄs en modo: esperar milagros con acceso root.
Y entonces alguien dice:
âEstĂĄ de camino. Llega en 10 minutosâ
A los 5 minutos aparece por la puerta.
Delgado. Traje moderno, camiseta de color vino, lisa, a contraste con el color marrĂłn chocolate del traje.
Bambas Scalpers color blanco.
Entra con paso firme, sin mirar a los lados.
DetrĂĄs, un silencio incĂłmodo se hace presente.
Y entonces:
âHola. Soy el Sr. Lobo. Vengo a solucionar marrones.â
Mira al primero que encuentra, probablemente alguien con mĂĄs miedo que planificaciĂłn.
âÂżDĂłnde estĂĄ el CTO?â âLlĂ©venme al CPD.â
No espera respuesta.
Empieza a caminar.
El pasillo se abre delante suyo.
Nadie le dice que no.
Nadie quiere ser el que le haga perder el tiempo.
Porque todos saben⊠que si él ha venido, es porque ya no queda nadie mås.
Pide un café.
Le da igual cómo, pero que sea bueno, y que esté recién hecho.
Entonces sĂ. Entonces puede trabajar.
Se dirige directo al CPD.
Abre.
Deja la mochila.
De piel marrĂłn, con alguna cicatriz de trabajos anteriores.
Alguien se acerca al CPD y le dice:
- Tienes autorizaciĂłn para estar aqui? Necesito que bajes a recepciĂłn y pidas el acceso para el CPD, nadie puede estar aqui sin el permiso requerido.
âNo estoy aquĂ para discutir. Estoy aquĂ para salvarte el cul*.â
Y sin esperar respuesta, se da la vuelta y se conecta directamente a la consola KVM, con acceso al rack de servidores.
đ§š Pantallas negras. Corazones rojos.
A través de la consola KVM, una a una, las pantallas van revelando el mismo mensaje:
âALL YOUR FILES HAVE BEEN ENCRYPTED.â
Formatos irreconocibles. Archivos renombrados con cadenas imposibles.
Un .txt en cada carpeta:
âPara recuperar sus datos, pague 2,8 BTC en las prĂłximas 72 horas.â
El CPD huele a silencio tenso y a miedo digital.
El CEO ya no respira.
El CTO y el equipo de IT tiembla.
Y entonces, él⊠se ajusta los auriculares y dice:
âBien⊠vamos a limpiar esta mierda.â
No hay gritos. No hay drama.
Solo un teclado mecĂĄnico.
đ§° Herramientas no documentadas
Saca un USB negro, sin logos, sin etiquetas.
Parece uno mĂĄs, pero no lo es.
Lo conecta en un lateral del bastidor.
Y al segundo, aparece un terminal.
El fondo negro.
Letras en ĂĄmbar.
Y una lĂnea que dice:
Y ahĂ empieza el show.
No usa ningĂșn software del cliente.
No saca ningĂșn ordenador.
SĂłlo estĂĄn su mente, sus tools, y el hacker.
No busca permisos.
Los crea.
Escanea logs.
Detecta la puerta de entrada.
Una cuenta de servicio que nadie mirĂł jamĂĄs.
El ransomware entrĂł por allĂ.
Pero ya no va a salir.
Se da cuenta de que el hacker sigue dentro.
Activo.
Observando.
Moviéndose entre sistemas.
Pero él ya lo ha visto.
Y empieza el cerco.
Le va cerrando puertas, una a una. Poco a poco.
Sin prisa, pero sin pausa.
Como el que acompaña un pez hasta la almadraba, para dejarlo en punto de no retorno.
Solo puede quedar uno.
Una sesiĂłn activa.
Un proceso abierto...
Un intento de persistencia.
Silencio. Sin ruido. Sin drama.
AdiĂłs.
Cambia contraseñas.
Resetea credenciales.
Borra rutas compartidas.
AĂsla los servidores.
Filtra comunicaciones.
Activa la Ășltima copia vĂĄlida.
Una cosa âuna solaâ que habĂan hecho bien.
âÂżQuiĂ©n os montĂł este DRP?â âSYSBalear?â
Y lo dice con una ceja levantada, como quien encuentra algo decente en medio del caos.
Lo pregunta sabiendo la respuesta, no podĂa ser nadie mĂĄs.
Todo esto⊠sin ni siquiera haberse terminado el cafĂ©. âđ„
Uno de los nuevos âuno que no sabia quien eraâ pregunta en voz baja:
â âÂżPero quiĂ©n es ese tĂo?â
â âNo lo sĂ©. Solo sĂ© que... cuando todo explota, aparece Ă©l.â
â âÂżCĂłmo lo han llamado?â
â âEl Sr. Lobo.â
Se giran a mirar dentro del CPD.
Ya no hay nadie.
Solo queda el cafĂ©, aĂșn caliente.
Y si os preguntĂĄis quiĂ©n eraâŠ
Digamos que algunos viernesâŠ
Si hay marrón, y suena el teléfono,
Yo contesto.
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