(Top 10 de momentos que vimos… y jamás contaremos.)

⚠️ Aviso al lector:

Este artículo es una recopilación libre, irónica y completamente anónima.

Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

Ninguna de estas situaciones ha ocurrido con clientes míos.

Dicen que la informática es una profesión técnica. Pero lo que no cuentan es que también es un reto de contención emocional, diplomacia silenciosa y, sobre todo, discreción absoluta.

🔟 La bienvenida

Conexión remota vía AnyDesk.

El típico problema tonto con un dominio que no resuelve.

Todo normal... hasta que entras y te encuentras la bienvenida más inesperada del día: una pantalla activa con pechos en primer plano y varias pestañas sospechosamente creativas. Algunas, con nombres que dejan poco margen a la imaginación.

Él calla.

Tú callas.

Cierras esas pestañas como quien cierra el programa de contabilidad un viernes por la tarde....

“Buenas tardes”, te dice, como si te acabara de invitar a un café.

“Sí... buenas, había”, piensas. Y muy buenas, según el navegador.

9️⃣ El servidor de ficheros

Estás reorganizando carpetas compartidas en un servidor de archivos. Todo etiquetado con nombres aburridos: “Proyectos 2023”, “Facturas”, “Contratos antiguos”... hasta que una subcarpeta llamada .tmp_dev despierta sospechas.

La abres por curiosidad técnica. Si no eres informático, no sabes de qué hablo.

Estos nombres pasan desapercibidos al usuario, pero para nosotros, los del gremio, son como luces de neón rojo.

Lo que aparece dentro te hace replantear el concepto de almacenamiento en red: vídeos en HD de temática adulta, por decirlo de una manera suave, con una organización que ya quisieran muchos CRMs.

Buscas al propietario del videoclub, deja demasiados rastros.

Lo borras todo.

Y antes de cerrar la sesión, piensas en redactar un correo corporativo para toda la oficina.

Uno formal, con advertencia incluida, recordando las políticas de uso del servidor.

Pero no lo haces. El propietario del videoclub ya se dará cuenta. O no.

Sonríes, porque sabes que algún día lo contarás… sin nombres, sin fechas, sin pistas.

Como en esta lista.

8️⃣ El salvapantallas

Te piden que revises su portátil, que aproveches que no estará en su mesa en los próximos 30 minutos.

El portátil está ahí, abierto, en standby.

Lo despiertas con suavidad, solo quieres revisar si hay conexión o si es cosa del dock.

Pero la pantalla decide darte los buenos días a su manera: una imagen estática a todo color, con menos ropa que una campaña de Victoria's Secret.

Dos cuerpos, demasiada confianza, y una playa que no parece Menorca.

La escena se mantiene ahí, quieta, como si quisiera hablarte.

Tú solo querías comprobar el HDMI.

Pero acabas viendo una escena que probablemente no deberías haber visto.

Ni tú, ni nadie. En la oficina... ¿?

Respiras hondo. Cierras la tapa. Y haces como si el salvapantallas nunca hubiese existido.

Cruzas la mirada con los compañeros.

Te miran con cara de circunstancias como diciendo, si, es así....

Y si alguien pregunta… tú solo estabas probando el cable.

7️⃣ El USB

Una usuaria te da un disco duro para que recuperes los datos de un equipo averiado.

“Solo hay unas fotos mías, no las abras”, te dice.

Tú, profesional: “Tranquila, no las miraré”.

Copias todo. Se lo devuelves.

Y entonces, la bomba:

“¿Seguro que no las has mirado? Yo que tú… las miraría.”

(Continuará..... o no.)

6️⃣ El navegador

Revisas la red.

Algo no resuelve.

Decides abrir Chrome para comprobar los DNS.

Escribes “dns…” y el autocompletado te recuerda que los navegadores tienen memoria.

Mucha memoria.

Salen sugerencias que no tienen nada que ver con la informática.

Ni con el trabajo.

Ni con nada que deba verse en horario laboral en la oficina.

“Colegialas calientes”, “maduras traviesas”, “rubias en la oficina”.

Silencio.

Tú solo querías abrir las herramientas de red.

Él también. Pero claramente de otra red.

Y entonces lo cierras todo, y piensas en borrarle el historial... o tu memoria.

5️⃣ El móvil

Te piden que conectes su móvil al ordenador “para pasar unas fotos importantes”.

Lo haces. Nada raro.

Hasta que, automáticamente, se abre la aplicación de fotos.

Y entonces, una ráfaga de imágenes personales —muy personales, demasiado personales— desfila por la pantalla como si alguien hubiese dado al play.

Tú apartas la vista, cierras la ventana y respiras hondo.

Y mientras se copian las fotos, rezas para que no haya más sorpresas... ni más vídeos en reproducción automática.

4️⃣ La impresora

Un Clásico: La impresora no imprime.

Vas a revisar la cola de impresión.

Y ahí está: 47 páginas en espera.

Intentas reactivar el servicio, y la primera página que sale... no es un informe de ventas.

Es una imagen.

Grande.

Muy grande

A color.

Resolución excelente.

Contenido… explícito.

Miras al usuario.

Te mira.

Ambos sabéis que esa impresora ha visto cosas.

Muchas cosas.

Y eso que solo ibas a comprobar el driver.

De la fotocopiadora hablaremos otro día.

3️⃣ El correo indebido

Vas a configurar Outlook.

Todo parece ir sobre ruedas.

El asistente avanza, la cuenta se conecta, se descargan los correos... y de pronto, la bandeja de entrada se despliega.

Y ahí está.

El primero.

Grande.

Sin leer.

Asunto en mayúsculas: “NO PUEDO DEJAR DE PENSAR EN TI”.

Obviamente no lo abres. Tampoco hace falta.

El correo es de una compañera de otro departamento.

El destinatario, el usuario a tu lado.

Casado. Muy casado.

Tú te haces el loco.

Él también.

Nadie dice nada.

“Ya está, el correo ahora te funciona perfectamente". Y rezas para que el siguiente mail empiece con “adjunto PDF”.

2️⃣ La sesión remota

Haces una intervención remota.

Todo fluye.

Solucionas el problema, cierras la consola… pero olvidas cerrar la sesión.

Típico. si, nos pasa, y no lo hacemos adrede.

Nos ponemos a otra cosa y eso se queda ahí en un rincón, minimizado, imperceptible.

Pasan unos minutos. Te das cuenta de que sigues conectado. Lo Maximizas para cerrar la sesión....

Y justo entonces, pasa.

El usuario no ha esperado ni 1 minuto.

Navegando, surfeando al límite.... cosas que nooo, que no quieres ver.

Pero si ahora cierras la sesión, le aparecerá el mensaje.... optas por volver a minimizar, y aquí no ha pasado nada.

Otro trauma vivido en silencio.

1️⃣ El mail bomba

Te llaman con urgencia.

No por un fallo técnico. Por un error humano.

Un usuario acaba de enviar —por accidente— un vídeo.

A toda la empresa.

A la lista de distribución general.

No sabes de qué va el vídeo.

Pero no necesitas saberlo.

Cuando ves cómo entra corriendo en tu despacho, pálido, temblando, suplicando hacer un recall inmediato desde Exchange, lo entiendes todo.

“Por favor, dime que se puede borrar…”

Te conectas a Exchange.

Pero el vídeo ya ha llegado.

A todos.

Algunos incluso han contestado.

Con emojis.

Silencio. Él lo sabe. Tú también. Y el servidor… ni te cuento.

“¿Y ahora qué hago?”, pregunta.

Tú solo puedes ofrecerle lo único que te queda:

“Borro el correo en el servidor, pero lo que se ha visto, no se puede desver”

Se pudo borrar en el 90% de los receptores antes de que lo abrieran, pero ese 10% pasó a formar parte de otra liga.

Y ahora que ya lo has visto… recuerda:

Nunca subestimes lo que puede esconder una bandeja de entrada, un pendrive o una impresora.

Gracias por no preguntar nombres.

Extra: Tampoco queremos ver las cuentas de vuestros bancos. Si cerráis esas ventanas, antes de que conectemos, mejor.

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